Antes de regresar a su palacio, el monarca se detuvo en el Ventorrillo
del Chato, venta que aún existe en la playa que lleva su nombre, entre
Cádiz y San Fernando.
Alfonso XIII pidió una copa de vino de
Jerez,
pero no se percató
de que un remolino de viento que se coló en el local amenazaba con llenar
de arena de playa el catavinos real. Para evitarlo, un atento camarero
se precipitó a cubrirlo con una loncha de jamón.
Cuando el rey fue a dar un sorbo, preguntó con sorpresa: ¿Qué es esto?
El mozo le contestó: "Perdone mi atrevimiento Majestad, le he puesto
una tapa para que no entre arena en la copa".

Alfonso XIII se comió la loncha de jamón y requirió que le sirvieran
otro vino, pero "con otra tapa
igual".
Todos los presentes rieron el ingenio real y emularon al rey pidiendo
lo mismo.